A veces todos los caminos parecen una simple línea recta
apenas una bifurcación
que por no curvarnos, es ignorada.

Tan sólo la pendiente que sube y baja y sube y baja
crea momentáneamente vértigos en el caminante.

Miramos hacia adelante, esperando ver tal postal
camino recto, sin curvas
para que el mero echo de girar el cuello
no nos cree la insatisfacción de la tortículis.

Sin embargo, los caminos rectos no existen
son meras proyecciones del iluso
como los sedientos creen ver oasis en el desierto.

Nadie percibe que en uno de los valles, donde parece remontar la rectitud
se perdió el sendero y hemos de labrarnos uno propio.

A veces, todos seguimos el camino marcado por los demás
sin embargo, ése camino, no existe.

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