A las puertas de Granadilla
donde osé perderme chiquilla
recordé tras renovada visita
la inquietud de la juventud que se agita.

A las puertas del pueblo abandonado
donde doné mi tiempo y mi mano
reavivé mi recuerdo de antaño
al comprobar el paso de años.

A las puertas de tal encantado lugar
donde un mes para mí fue mi hogar
escuché al viento pasar
y los fantasmas al oído silbar

Pues las puertas quedaban abiertas
jamás fueron las leyendas tan ciertas
observar tras las casas cubiertas
esa paz de la calma desierta…

A las puertas de Granadilla
donde ya no quedaban sillas
paseé perdida entre maravillas
observando la luz del pantano, que brilla…

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